domingo, 23 de agosto de 2015
Excusas excusas excusas
Cuando cambié de ciudad, creí que todo iba a cambiar. Que lejos de mi familia se acabarían las presiones, la comida abundante, mi aburrimiento.
Pero no, porque hay algo que estaba allá y que ahora está acá: yo. El problema soy yo. La causa y la consecuencia: solo yo. A pesar de estar en el exilio, mis errores me persiguen. No solo los pasados, sino los que repito una y otra vez.
¿Qué puedo decir? Lo de siempre, sigo estando sola y sigo siendo gorda. El nuevo trabajo, que ya no se siente tan nuevo, es un reto gigante cada día y pone a prueba mi poca disciplina. Mi familia, sigue siendo la de siempre, pero ahora los extraño porque son los que realmente me quieren; con o sin interés, pero me quieren.
Ahora busco un pequeño oasis. Alguien con quien hablar indefinidamente. Alguien que quiera ser escuchado, no visto. He vuelto a leer con nostalgia las novelas románticas que tanto daño le hacen a la literatura real, pero que al menos me hacen distraerme un poco. Y vuelvo a caer en cuenta que no soy protagonista de un cuento ni de una maravillosa historia. Soy un personaje de esos secundarios, de esos que podría interpretar cualquiera que no tenga un rol más importante que cumplir.
Hace meses no escribía, y tal vez me hacía falta. Me ayuda a reconocer que estoy sola, a la vez que me permite desahogarme, como hablando al vacío, pero al fin y al cabo hablando: "Hola Vacío, a ti te puedo contar todo porque eres el único que está a mi lado".
domingo, 3 de mayo de 2015
Todo ha cambiado y todo sigue igual
Ahora vivo en otra ciudad, muy diferente a la mía. Dejé el caos y la urbe por la tranquilidad de una ciudad pequeña, con tan pocas distracciones que es difícil esconderse de los errores y los malos recuerdos. Hay uno en especial que nunca podré dejar atrás.
Creí empezar una nueva vida llena de oportunidades. En realidad, todo sigue igual, con las nefastas consecuencias de los errores que me persiguen y con los kilos acumulados en treinta y tres años.
Ahora es cuestión de necesidad, de escasez.
Es mejor salir rápido de todos los problemas... al mal paso darle prisa, dicen por ahí. Solo falta encontrar la salida.
Creí empezar una nueva vida llena de oportunidades. En realidad, todo sigue igual, con las nefastas consecuencias de los errores que me persiguen y con los kilos acumulados en treinta y tres años.
Ahora es cuestión de necesidad, de escasez.
Es mejor salir rápido de todos los problemas... al mal paso darle prisa, dicen por ahí. Solo falta encontrar la salida.
lunes, 1 de diciembre de 2014
¿Por qué no se callan?
Hay personas que se sienten orgullosas de sí mismas y de sus familias. Yo no soy una de esas. Los quiero y trato de quererme, pero ver lo banales, desagradecidos y vengativos que somos me hace preguntarme si el mundo no estaría mejor sin nosotros.
Por lo menos se que no estaría peor sin mi, y que claramente no necesita que se prolongue esta herencia de terquedad, odio, desamor y desagradecimiento. Siempre hemos dicho que no hay peor castigo que la indiferencia, y si lo hay: el desagradecimiento.
Es odio lo que siento en el corazón. Necesito extinguirlo, pero para eso necesito extinguir muchas vidas, incluyendo de preferencia la mía.
A ella la odio. Por desagradecida, por venenosa, por vengativa, por egoísta, por ser una de las peores madres que conozco. Porque por idiota me puse en el inconveniente papel de asumir sus responsabilidades.
Pero no más. No voy a sufrir ni a defender más, a menos que se trate de mi espacio vital. Si quieren matarse, ¿por qué habría de ponerme yo en el medio?. Por mi orgullo quise controlarlo y calmarlo todo, pero no más. Hoy, por mi orgullo, me voy a hacer cargo solo de mi misma.
P.D.: El que busque mi solidaridad, no la va a encontrar.
P.P.D.: Moraleja: No contesto lo que no me están preguntando. No me meto en lo que no es mi problema. No doy mi opinión a quien no le importa. No le pido a los soberbios que se creen superiores a mí (así el favor no sea para mi).
Por lo menos se que no estaría peor sin mi, y que claramente no necesita que se prolongue esta herencia de terquedad, odio, desamor y desagradecimiento. Siempre hemos dicho que no hay peor castigo que la indiferencia, y si lo hay: el desagradecimiento.
Es odio lo que siento en el corazón. Necesito extinguirlo, pero para eso necesito extinguir muchas vidas, incluyendo de preferencia la mía.
A ella la odio. Por desagradecida, por venenosa, por vengativa, por egoísta, por ser una de las peores madres que conozco. Porque por idiota me puse en el inconveniente papel de asumir sus responsabilidades.
Pero no más. No voy a sufrir ni a defender más, a menos que se trate de mi espacio vital. Si quieren matarse, ¿por qué habría de ponerme yo en el medio?. Por mi orgullo quise controlarlo y calmarlo todo, pero no más. Hoy, por mi orgullo, me voy a hacer cargo solo de mi misma.
P.D.: El que busque mi solidaridad, no la va a encontrar.
P.P.D.: Moraleja: No contesto lo que no me están preguntando. No me meto en lo que no es mi problema. No doy mi opinión a quien no le importa. No le pido a los soberbios que se creen superiores a mí (así el favor no sea para mi).
domingo, 30 de noviembre de 2014
Ira, ira, ira.
La ira que estoy sintiendo no conoce límites.
En los momentos de dificultad es cuando uno se da cuenta de lo insoportables que pueden resultarle ciertas personas; aunque en mi caso también es cuando me doy cuenta de mis peores defectos.
Tengo ira. Mucha ira por la incomprensión y por el desagradecimiento. Por los que pudiendo ayudar, no lo hacen. Por los que dicen ayudar con condiciones después de haber causado tanto daño. Por los que se quedan ahí, chupando la poca sangre que le queda al herido. Por los que se creen con el mínimo derecho de dar consejos y guías de vida cuando son los principales obstáculos en sus vidas y en las de los demás. Por esos mismos que además se creen con mayor autoridad aún para juzgar a otros solo para encausar sus propias fallas y sus propios descontentos.
Tengo rabia. Suficiente para gritar, golpear y quedarme callada mientras planeo la forma de derramar más sangre. Tengo ganas de hacer una lista de aquellos de quienes no quiero volver a saber en mi vida. Quiero escribirles una nota de despedida, de esas alegres, de esas que se firman diciendo "será un placer no volver a saber de ti". Suficiente también para arrojarle un vaso de agua al próximo que me crea tan absurdamente ingenua como para decirme que "todo es para bien", que "todo va a mejorar". No, no todo va a mejorar. En la realidad y en las películas se ven vidas que solo caen en un eterno casi sin fin, siendo el mejor y único final posible la muerte.
En los momentos de dificultad es cuando uno se da cuenta de lo insoportables que pueden resultarle ciertas personas; aunque en mi caso también es cuando me doy cuenta de mis peores defectos.
Tengo ira. Mucha ira por la incomprensión y por el desagradecimiento. Por los que pudiendo ayudar, no lo hacen. Por los que dicen ayudar con condiciones después de haber causado tanto daño. Por los que se quedan ahí, chupando la poca sangre que le queda al herido. Por los que se creen con el mínimo derecho de dar consejos y guías de vida cuando son los principales obstáculos en sus vidas y en las de los demás. Por esos mismos que además se creen con mayor autoridad aún para juzgar a otros solo para encausar sus propias fallas y sus propios descontentos.
Tengo rabia. Suficiente para gritar, golpear y quedarme callada mientras planeo la forma de derramar más sangre. Tengo ganas de hacer una lista de aquellos de quienes no quiero volver a saber en mi vida. Quiero escribirles una nota de despedida, de esas alegres, de esas que se firman diciendo "será un placer no volver a saber de ti". Suficiente también para arrojarle un vaso de agua al próximo que me crea tan absurdamente ingenua como para decirme que "todo es para bien", que "todo va a mejorar". No, no todo va a mejorar. En la realidad y en las películas se ven vidas que solo caen en un eterno casi sin fin, siendo el mejor y único final posible la muerte.
lunes, 13 de octubre de 2014
Entrada para mí
Hoy voy a escribir sobre lo que me pasó ayer. No es una anécdota que valga la pena ser contada, no es para reír ni para llorar. Es para recordarme que puedo sentir, que YO puedo reír sin razón aparente y que TODO PASA.
En estos dos meses de desempleo he conocido a varias personas, entre ellas dos hombres que... digamos que me han llamado la atención. Al primero lo llamaremos Juan Pablo, que es un nombre común. Lo conocí en una fiesta. La interacción entre los dos fue más que limitada y en todo momento compartida, no privada. Juan es un hombre interesante, buen conversador y con la mirada profunda. Las dos primeras semanas después de conocerlo, no hacía más que buscarlo en Facebook para verlo en las dos únicas fotos públicas de su perfil. Ya han pasado casi dos meses y ya lo superé. No digo que si lo vuelvo a ver, me vaya a ser indiferente, pero llevo más de una semana sin estar imaginando diferentes escenarios en los que nos podríamos encontrar (ah, y también sin buscarlo en Facebook).
El segundo caso es Jose. El amigo de un amigo. Hemos salido un par de veces, siempre en grupo. No es la persona en la que me fijaría a primera vista, pero es inteligente y divertido. No se porqué a mi se me metió en la cabeza que le gusto... honestamente no se porqué, todo lo veo en unas vagas señales auto-inventadas que cualquier persona sensata identificaría como meras casualidades. De hecho, ni el teléfono me ha pedido... pero ya se sabe lo que puede hacer una mente ociosa. Ayer, el amigo que tenemos en común me llamó para que saliéramos por la tarde y me dijo que Jose iba a ir. Pues ¿quien dijo miedo?. De forma casi que automática se me dibujo una sonrisa en el rostro y estuve toda la tarde sintiendo mariposas en el estómago y pensando que ropa me iba a poner y como me iba a peinar. Al final, el atuendo fue apropiado para el plan relajado de salir a comer con amigos y mi pelo decidió colaborar, así que no parecía ni el Rey León ni la niña de El Aro. Llegué cortésmente temprano, pedí un café y hablé naturalmente con los amigos que iban llegando. ¿Y qué pasó con Jose?. Pues que nunca llegó. Al rato llegó mi amigo contando tranquilamente que el otro no había podido ir. Jejejeje. Si, si es chistoso. ¿Tanto estrés y tanta arregladera para un plan de domingo por la tarde para que el tipo ni se apareciera?. Eso me pasa a mí, al Chavo y a las malas de las películas... de verdad. En todo caso, me divertí, la pasé bien y conocí personas interesantes. Más interesantes que Jose porque tuvieron el valor agregado de estar ahí. Debo decir, no con poca satisfacción, que esta mañana pude recordar la situación con una sonrisa y no con la frustración que me caracteriza. O ya maduré o ya me acostumbré, pero ya no me echo a la pena por cosas tan intrascendentes como que me dejen casi-plantada en una cita inexistente.
En otros temas, y solo para recordarme de lo que soy capaz, llevo dos semanas a dieta. Una dieta estricta que limita totalmente los carbohidratos, pero lo he hecho bien. Hasta ahora he perdido dos kilos, que no son un montón, pero son mi logro. Espero ir aumentando el ritmo de pérdida, de tal forma que cuando encuentre un trabajo pueda repetir esa hermosa etapa de comprar ropa nueva con mi primer sueldo... Si no lo hicieron con su primer trabajo, no saben de lo que se perdieron.
En estos dos meses de desempleo he conocido a varias personas, entre ellas dos hombres que... digamos que me han llamado la atención. Al primero lo llamaremos Juan Pablo, que es un nombre común. Lo conocí en una fiesta. La interacción entre los dos fue más que limitada y en todo momento compartida, no privada. Juan es un hombre interesante, buen conversador y con la mirada profunda. Las dos primeras semanas después de conocerlo, no hacía más que buscarlo en Facebook para verlo en las dos únicas fotos públicas de su perfil. Ya han pasado casi dos meses y ya lo superé. No digo que si lo vuelvo a ver, me vaya a ser indiferente, pero llevo más de una semana sin estar imaginando diferentes escenarios en los que nos podríamos encontrar (ah, y también sin buscarlo en Facebook).
El segundo caso es Jose. El amigo de un amigo. Hemos salido un par de veces, siempre en grupo. No es la persona en la que me fijaría a primera vista, pero es inteligente y divertido. No se porqué a mi se me metió en la cabeza que le gusto... honestamente no se porqué, todo lo veo en unas vagas señales auto-inventadas que cualquier persona sensata identificaría como meras casualidades. De hecho, ni el teléfono me ha pedido... pero ya se sabe lo que puede hacer una mente ociosa. Ayer, el amigo que tenemos en común me llamó para que saliéramos por la tarde y me dijo que Jose iba a ir. Pues ¿quien dijo miedo?. De forma casi que automática se me dibujo una sonrisa en el rostro y estuve toda la tarde sintiendo mariposas en el estómago y pensando que ropa me iba a poner y como me iba a peinar. Al final, el atuendo fue apropiado para el plan relajado de salir a comer con amigos y mi pelo decidió colaborar, así que no parecía ni el Rey León ni la niña de El Aro. Llegué cortésmente temprano, pedí un café y hablé naturalmente con los amigos que iban llegando. ¿Y qué pasó con Jose?. Pues que nunca llegó. Al rato llegó mi amigo contando tranquilamente que el otro no había podido ir. Jejejeje. Si, si es chistoso. ¿Tanto estrés y tanta arregladera para un plan de domingo por la tarde para que el tipo ni se apareciera?. Eso me pasa a mí, al Chavo y a las malas de las películas... de verdad. En todo caso, me divertí, la pasé bien y conocí personas interesantes. Más interesantes que Jose porque tuvieron el valor agregado de estar ahí. Debo decir, no con poca satisfacción, que esta mañana pude recordar la situación con una sonrisa y no con la frustración que me caracteriza. O ya maduré o ya me acostumbré, pero ya no me echo a la pena por cosas tan intrascendentes como que me dejen casi-plantada en una cita inexistente.
En otros temas, y solo para recordarme de lo que soy capaz, llevo dos semanas a dieta. Una dieta estricta que limita totalmente los carbohidratos, pero lo he hecho bien. Hasta ahora he perdido dos kilos, que no son un montón, pero son mi logro. Espero ir aumentando el ritmo de pérdida, de tal forma que cuando encuentre un trabajo pueda repetir esa hermosa etapa de comprar ropa nueva con mi primer sueldo... Si no lo hicieron con su primer trabajo, no saben de lo que se perdieron.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Buscando la motivación
Sigo buscando trabajo.
Parece que me van a dar un trabajo para una consultoría y eso me permitiría tener un par de meses de tranquilidad (económica).
Después de tener tanto tiempo para pensar, me siento como una adolescente. Y no porque me sienta joven y con la vida por delante, sino porque me siento desubicada: sin metas claras, sin una razón clara para seguir adelante. En cuanto libro, artículo o blog que leo para salir de esta "tusa profesional" encuentro que se necesita motivación. Y si, eso es lo que a mi me falta. Me sobran ideas, pero me falta el impulso: no me muero por volver a trabajar. Me aburre estar en casa, si, pero la única razón real que me lleva a buscar ofertas laborales y enviar mi hoja de vida es que necesito el salario... Para qué? Para subsistir y cubrir los gastos de la casa, para viajar, para volver a estudiar. Todo eso suena bien, pero entonces ¿por qué es tan difícil levantarse cada mañana?. Pues porque no creo que algo me haga verdaderamente feliz.
Por lo menos no tan feliz como cuando era una niña en el colegio y me sacaba buenas notas. Eso es lo que me hace feliz, pero ya nadie está dispuesto a pagar para que yo estudie y me despreocupe de la vida.
Busco trabajo porque la razón me dice que lo necesito. Pero no busco nada que me haga feliz porque cada vez entiendo menos que es lo que quiero y puedo hacer. Siento que no he logrado nada. Que no llegará ese día en que mire hacia atrás y me sienta realmente satisfecha de lo que he hecho. No me considero una mala persona, porque en realidad mucho de lo que hago lo hago por lo demás, pero ni siquiera eso me satisface. De hecho solo es un motivo más para sentirme mal, ya sea por dejar de hacer algo por mi, o por dejar de hacer algo por alguien cuando simplemente las circunstancias no lo permiten.
Escribo sin rumbo y sin sentido. Sin hilar las ideas. Usando este espacio como un pensadero en el que vacío todo lo que se me pasa por la cabeza, para ver si desde otro punto de vista encuentro la solución a esto que me embarga, pero que no puedo describir.
Parece que me van a dar un trabajo para una consultoría y eso me permitiría tener un par de meses de tranquilidad (económica).
Después de tener tanto tiempo para pensar, me siento como una adolescente. Y no porque me sienta joven y con la vida por delante, sino porque me siento desubicada: sin metas claras, sin una razón clara para seguir adelante. En cuanto libro, artículo o blog que leo para salir de esta "tusa profesional" encuentro que se necesita motivación. Y si, eso es lo que a mi me falta. Me sobran ideas, pero me falta el impulso: no me muero por volver a trabajar. Me aburre estar en casa, si, pero la única razón real que me lleva a buscar ofertas laborales y enviar mi hoja de vida es que necesito el salario... Para qué? Para subsistir y cubrir los gastos de la casa, para viajar, para volver a estudiar. Todo eso suena bien, pero entonces ¿por qué es tan difícil levantarse cada mañana?. Pues porque no creo que algo me haga verdaderamente feliz.
Por lo menos no tan feliz como cuando era una niña en el colegio y me sacaba buenas notas. Eso es lo que me hace feliz, pero ya nadie está dispuesto a pagar para que yo estudie y me despreocupe de la vida.
Busco trabajo porque la razón me dice que lo necesito. Pero no busco nada que me haga feliz porque cada vez entiendo menos que es lo que quiero y puedo hacer. Siento que no he logrado nada. Que no llegará ese día en que mire hacia atrás y me sienta realmente satisfecha de lo que he hecho. No me considero una mala persona, porque en realidad mucho de lo que hago lo hago por lo demás, pero ni siquiera eso me satisface. De hecho solo es un motivo más para sentirme mal, ya sea por dejar de hacer algo por mi, o por dejar de hacer algo por alguien cuando simplemente las circunstancias no lo permiten.
Escribo sin rumbo y sin sentido. Sin hilar las ideas. Usando este espacio como un pensadero en el que vacío todo lo que se me pasa por la cabeza, para ver si desde otro punto de vista encuentro la solución a esto que me embarga, pero que no puedo describir.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Entrada, salida...
Cada día es más denso que el anterior. No hay noticias buenas ni malas. Muchas solicitudes, ninguna respuesta.
Si uno cree que los astros influyen en la suerte de las personas, entonces se podría decir que este año los planetas, estrellas, satélites y asociados están saliendo de un mal guayabo... de esos que a los humanos nos duran tres días después de mezclar tragos claros y oscuros, caros y baratos, destilados y fermentados. Porque sí, lo que causa el guayabo no es que usted se tome tres litros o más de alcohol: según los expertos, la causa del guayabo o resaca es revolver varios licores una misma noche.
Lo cierto es que las nuevas oportunidades no abundan, y las que aparecen solo me hacen recordar la monotonía y el inconformismo que sentía en mi ex-trabajo. Todos los EX son tormentosos. No solo los ex-novios.
No se que hacer. Casi todo me recuerda que fracasé y que tal vez esa era mi buena racha, y que puede que de ahora en adelante viva en una eterna crisis: económica y existencial. Anoche no podía dormir, y lo único que deseaba era no volver a despertar. Cada día creo menos en los que dicen que todo va a salir bien y que "esto también pasará": si es tan bueno quedarse sin trabajo, por qué entonces no intentan hacer lo mismo?. Es fácil: un error lo suficientemente grande para que no pase desapercibido y ya: sin importar títulos ni años de antigüedad, recibirán una carta de despido y una amable invitación a abandonar las instalaciones...
Si uno cree que los astros influyen en la suerte de las personas, entonces se podría decir que este año los planetas, estrellas, satélites y asociados están saliendo de un mal guayabo... de esos que a los humanos nos duran tres días después de mezclar tragos claros y oscuros, caros y baratos, destilados y fermentados. Porque sí, lo que causa el guayabo no es que usted se tome tres litros o más de alcohol: según los expertos, la causa del guayabo o resaca es revolver varios licores una misma noche.
Lo cierto es que las nuevas oportunidades no abundan, y las que aparecen solo me hacen recordar la monotonía y el inconformismo que sentía en mi ex-trabajo. Todos los EX son tormentosos. No solo los ex-novios.
No se que hacer. Casi todo me recuerda que fracasé y que tal vez esa era mi buena racha, y que puede que de ahora en adelante viva en una eterna crisis: económica y existencial. Anoche no podía dormir, y lo único que deseaba era no volver a despertar. Cada día creo menos en los que dicen que todo va a salir bien y que "esto también pasará": si es tan bueno quedarse sin trabajo, por qué entonces no intentan hacer lo mismo?. Es fácil: un error lo suficientemente grande para que no pase desapercibido y ya: sin importar títulos ni años de antigüedad, recibirán una carta de despido y una amable invitación a abandonar las instalaciones...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)